
La conversación en la que tienes que hablar sobre los presupuestos que tienen para el día de la boda, tanto para la ceremonia como para la celebración, puede que no sea la más romántica que tienes con tu pareja, pero es una que es absolutamente necesaria después del compromiso y que de una vez pondrá en práctica lo que tendrán que hacer en muchas ocasiones en el futuro, cuando estén viviendo toda una vida juntos.
Es necesario que los dos tengan una visión objetiva de lo que pueden gastar y de lo que no pueden gastar, porque gastar más de lo que pueden y quedar llenos de deudas tampoco es nada romántico. Y una de las cosas que tienen que decidir después de que el compromiso es un hecho es quien va a pagar la boda, si se siguen las tradiciones que se tienen desde hace décadas o si los dos se hacen cargo de ello.
Tradicionalmente, era el padre de la novia el que debía meterse la mano al bolsillo y pagar por todo el evento principal de la boda, y el novio, o sus padres, pagaban por lo que se requería para la ceremonia y por la esperada, y muchas veces sorpresiva, luna de miel. Por lo que a la hora del compromiso ya sabía que era lo que debía esperarse a la hora de organizar este importante día.
Sin embargo, los tiempos han cambiado, y muchas de las parejas en la actualidad deciden pagar ellos mismos tanto la ceremonia como la celebración, porque ya trabajan y no quieren molestar a sus familias con gastos extras. Pero si piensas que a ti y a tu pareja no les alcanza el dinero para realizar todo lo de ese día, pueden dividir los gastos con los padres de estos, si todos están de acuerdo.